TE SIENTES SOLO Y ABANDONADO


"Sabed que Él, el Señor es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado"(Salmo 100:3).

Hay momentos en que aun rodeado de muchas personas sientes un vacío por dentro. Tal vez no te sientas amado aún por el mismo Dios. En esos momentos puede invadirte un sentimiento de abandono y temor.

Cuando te sientas solo y abandonado, imagina que eres una de las ovejas y medita en las palabras del Señor...

¿Que hombre de Vosotros, si tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la que está perdida hasta que la halla? Al encontrarla la pone sobre sus hombros, gozoso; y cuando llega a su casa, reúne a los amigos y a los vecinos diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido" (Lucas 15:4-6).

El sentimiento de soledad y abandono es una sensación de rechazo y no sentirse amado, aún por Dios. En esos momentos puedes sentir que Dios no te escucha, un sentimiento de vacío, de tristeza y te apartas del mundo que te rodea para esconderte del dolor, vergüenza, del sentimiento de fracaso o resentimiento. Este sentimiento tiene diferentes causas en tu vida: no es la soledad que Dios propicia para que le encuentres en adoración, sino es consecuencia de tus experiencias dolorosas en tu pasado. Puede ser también una manifestación de depresión, de falta de propósito en tu vida o de conflictos internos no resueltos.

También puede ser generada por ti mismo como una forma de defensa para evitar ser herido o rechazado para esconder tu inseguridad, egoísmo o resentimiento.

Si sufres de estos períodos de soledad, acompañados de depresión, es necesario entonces, soltar y entregar tus cargas del dolor pasado al Señor mediante el perdón, y pensar en que tienes grandes bendiciones que compartir con los demás.

Tienes cualidades, dones, talentos que debes compartirlos con otros. Pero primero es necesario que sientas que eres agradable a los demás para que puedas proyectar ese sentimiento.

Convéncete que las otras personas estarán muy bendecidas con tu presencia y compañerismo, porque si tu no crees esto de ti mismo, entonces proyectarás una imagen negativa de tu persona y seguirás siendo una persona solitaria.

Debes salir de tu encierro de lamentos y ver la vida con optimismo. Empieza
la mañana con pensamientos positivos y disfruta la compañía de alguien ese día, aceptándola en forma incondicional, valorando sus aspectos positivos.
Debes luchar contra el sentimiento de autocompasión y la frase "nadie me quiere", o "a nadie le intereso", y debes salir de tu aislamiento negativo, porque es diferente a la búsqueda de soledad y silencio para escuchar la voz de Dios.

Dios no trabaja solo, necesita de tu participación para ayudarte. Por eso la acción de parte tuya para vencer los sentimientos de soledad que te oprimen es indispensable. Transforma esa soledad en plenitud y comunión con El Señor, y apóyate en tu prójimo que te ama y aprende a amarte. Cuando sientas este sentimiento busca la presencia del señor en oración y meditación.

Recuerda siempre como dice el Salmista: El Señor es mi pastor y nada me faltará, en lugares de delicados pastos me hará descansar, junto a aguas de reposo me pastoreará, confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia. Aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno. (Salmo 23).

Debes recordar que nunca más estarás solo. El Señor está contigo y su Santo Espíritu te guiará siempre.

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