¿POR QUÉ PODAR LAS RAMAS?

La poda es una labor muy importante para que la planta de frutos. La vid que no ha sido podada, tiene ramas muy largas e inservibles, y casi nada de frutos. Debemos impedir el crecimiento de ramas inservibles e innecesarias para que dé frutos.

Dios también desea podar nuestras ramas espirituales. Aunque seamos cristianos, todavía tenemos la naturaleza pecaminosa, y muchas veces canalizamos la energía espiritual en cosas que no dan verdaderos frutos. Aún dentro del cuerpo de Cristo, buscamos posiciones, éxito y fama. Y tendemos a depender de las habilidades y sabiduría humanas.

Por medio de las pruebas, Dios provoca que nosotros soltemos de nuestras manos lo que no constituye un verdadero fruto. Una grave enfermedad, la muerte de un ser querido, la pérdida de bienes o fama, la traición de un amigo o el derrumbe de un sueño albergado durante tanto tiempo, hacen que recapacitemos sobre qué es lo mas importante en nuestra vida. Entonces, las posiciones sociales, los bienes y aún mas, la fama, no nos parecerán tan importantes. Comenzaremos a encomendar nuestros anhelos y expectativas a la soberana voluntad de Dios. Podemos confiar aún más en Dios, y mirar las cosas que realmente tienen valor. En fín, Dios poda nuestras ramas para que demos mayores frutos.

Si en este momento estás pasando por una situación difícil, cualquiera que sea su nombre, es el momento de soltar y entregársela a Dios, a partir de ese momento Dios comenzará una obra maravillosa en tu vida y notarás que si tu verdaderamente amas a Dios, Todo, absolutamente todo te ayuda para bien. Dentro de los planes de Dios está restaurar tu vida, para que des mucho fruto, asi que preparate porque Dios empezara a podar tus ramas, para cumplir el propósito que tiene para tu vida.

Al respecto la palabra de Dios dice en Juan 15:2-5

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 15:2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 15:3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 15:4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.